El Triángulo de Oro
En la época del arcángel solar Micael y en la esfera de influencia de las fuerzas opositoras, todo el mundo se enfrenta a desafíos personales, profesionales, sociales y espirituales.
Se trata de la espiritualización del pensamiento y de la naturaleza, y de las comunidades micaélicas. Porque la humanidad está cruzando el umbral.
Cruzar el umbral significa sentir la cercanía de las fuerzas de la muerte en las profundidades de la propia alma, para aprender a sentir en este proceso también nuestra verdadera dimensión inmortal-cósmica. Cada vez más personas tienen reminiscencias de vidas terrenales anteriores o intuiciones y experiencias concretas con la espiritualidad de la naturaleza y su propio ser superior. Algunas personas dicen que han tenido experiencias con el Cristo. La sensación de la proximidad de la muerte y el anhelo de inmortalidad o espiritualidad son hoy factores importantes que, aunque en gran medida desconocidos, determinan profundamente nuestras vidas.
Cristo, el Ayudante en el Umbral
Estos hechos despiertan muchas esperanzas y temores, porque las fuerzas del mal también intervienen en el umbral. Rudolf Steiner nos dice que Micael, a través de cuya naturaleza Cristo se revela en una nueva forma espiritual, es el gran ayudante en el umbral que lleva al mundo suprasensible. Asimismo Steiner afirmó que hoy el principio iniciático debería transformarse en un principio civilizatorio.
Hay dos maneras de experimentar a Micael en nosotros: por un lado en la espiritualización de nuestras fuerzas pensantes hacia un pensamiento libre y de corazón que también transforma nuestra mente y nuestra fuerza volitiva, y por otro lado mediante la espiritualización de nuestra visión de la naturaleza. Dado que la verdadera antroposofía une en sí la ciencia, el arte y la religión, las artes y la experiencia religiosa no pueden estar excluidas del proceso de transformación. Así pues, tenemos dos lados de un triángulo de oro: la espiritualización de la conciencia con respecto al mundo interior, y al mundo exterior de los sentidos con sus consecuencias prácticas.
A través de esta alquimia interior, se despiertan en nosotros impulsos concretos para la vida social y profesional. Y esto apunta al tercer lado del triángulo, a la base como la forma en que interactuamos entre nosotros- en relación con Micael. Rudolf Steiner quería fundar una comunidad que pudiera hacer frente a las fuerzas opositoras para que la misión cultural de la Antroposofía pudiera realizarse de una manera más eficaz. Además de construir instituciones culturales y civilizadoras en el espíritu de la antroposofía, algunas personalidades individuales intentaron una y otra vez realizar el triángulo dorado en el ámbito social.
A este respecto, Rudolf Steiner dio algunas indicaciones en el marco del Misterio de Micael (en GA 26) el 16 de noviembre de 1924 en el apartado ‹El pensamiento cósmico en el actuar de Micael y de Ahriman› (véase la cita en página 2). En referencia libre al Cantar de los Cantares de Pablo en la Primera Carta a los Corintios, se puede decir que la clarividencia, el conocimiento de los misterios, el trabajo erudito sobre Micael o sobre la ‹Piedra de Fundación de Amor› del Congreso de Navidad de 1923/24, o los cambios de estatutos y párrafos, quedarán en un mero «sonar de espadas y campanas», mientras no haya verdadero amor en la actitud micaélica, el amor que completa el triángulo de oro del actuar de Micael.
El umbral se convierte en puente
Soy consciente de que un pensamiento original, una inspiración artística o una intuición religiosa genuina no pueden ser «solicitados»; sino más bien, como impulsos de amor genuino y desinteresado, deben ser considerados como gracia. Pero también podemos querer el amor, podemos aspirar a él. Podemos hacer un esfuerzo para adquirir conscientemente el amor desinteresado, aunque fallemos una y otra vez. Incluso podemos rezar para recibir la ayuda para alcanzarlo. Como primera etapa preliminar del amor, podemos formar verdaderas comunidades micaélicas en la aceptación profunda de pensamiento ajeno.
El libro ‹Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores›, lo podríamos titular ‹Cómo tomar conciencia del poder del amor en mi alma›. Y, en lo que respecta a la Sociedad Antroposófica, el verdadero espíritu micáelico haría avanzar la convivencia social. El umbral se convertiría en puente. Imaginemos seriamente un renacimiento de la Sociedad Antroposófica desde el espíritu del amor. ¿Una utopía?
Amor al mundo
Si el ser humano busca la libertad, sin tendencia alguna de egoísmo, si la libertad significa para él el puro amor por la acción a realizar, entonces tiene la posibilidad de acercarse a Micael. Si, en cambio, quiere actuar en libertad desarrollando el egoísmo, y si la libertad se convierte en el soberbio sentimiento de exhibirse a sí mismo mediante su acción, entonces se enfrenta al peligro de entrar en el territorio de Ahriman. Cuando se concibe como ser libre y al mismo tiempo se siente cerca de Micael, el ser humano está en camino de transferir la fuerza de la intelectualidad a su ‹ser humano completo›. Es cierto que piensa con la cabeza, pero el corazón siente el pensamiento como claro u oscuro; y la voluntad irradia la esencia del ser humano al tener en sí los pensamientos fluyendo en virtud de intenciones.
El ser humano se hace más humano en la medida que se transforma en expresión del mundo [...] El que se adhiere a él [a Micacel], cuida el amor en relación con el mundo exterior. [...] Entonces el amor al otro también podrá volver a irradiarse en él mismo. Éste podrá amar sin amarse a sí mismo. Y en los caminos de tal amor, Cristo puede ser encontrado a través del alma humana. El que se adhiere a Micael, cuida el amor en relación con el mundo exterior, y mediante ello encontrará la relación con el mundo interior de su alma, una relación que lo unirá con el Cristo.
Fuente Rudolf Steiner, Pensamientos guía, GA 26.