Queda mucho por hacer...

Queda mucho por hacer...

01 julio 2020 Eunhwa Lee Visto 17 veces

En Corea, las medidas preventivas contra el Covid-19 se encuentran en desarrollo continuo y son objeto de atención a escala global. Mientras que para algunos la grave situación está superada, otros siguen llevando la máscara protectora. La enseñanza en las Escuelas Waldorf se ha reanudado, y los grupos de trabajo antroposóficos han vuelto a celebrar sus reuniones.


El Gobierno de Corea del Sur ha hecho todo lo posible para prestar ayuda psicológica y financiera a las personas que corren peligro o están infectadas con el Sars-CoV-2. Ahora la sociedad está tratando de volver al estado anterior, una normalidad muy anhelada por muchos, pero todavía bastante lejos.

A principios de mayo, la política oficial cambió, pasando del distanciamiento social a una rígida distancia física en toda la vida cotidiana. Desde entonces, las escuelas se han abierto gradualmente, y se vuelva a sentir la vida social en los espacios públicos. Todas las escuelas Waldorf y la mayoría de las escuelas públicas volvieron a acoger los alumnos. Pero desafortunadamente sólo unos días después cientos de escuelas tuvieron que cerrar de nuevo a causa de una nueva ola de infección. Mientras tanto, varios grupos de trabajo antroposófico han vuelto a reunirse, tanto en nuestra escuela como en otros lugares.

Volver a respirar

Con el tiempo, a algunos les resulta incómodo llevar la máscara protectora, independientemente de la esperanza de deshacerse de ella tarde o temprano, y a pesar del aviso de que los casos de virus disminuirán cuando vuelva la temporada cálida. La máscara incluso puede dificultar la respiración a medida que se acerca el verano húmedo, cuyo comienzo se adelanta de año en año.

Algunos dan la situación grave por terminada y ni siquiera se preocupan por las medidas preventivas; otros la siguen considerando peligrosa y llevan mascarillas todo el tiempo, tanto las máscaras físicas como las del distanciamiento interior. Algunos estudiantes son reacios a quitarse las máscaras protectoras, incluso cuando están en el exterior y con un distanciamiento físico suficiente. Algunos padres no quieren enviar a sus hijos a la escuela hasta que esto no sea completamente seguro. En particular, la contaminación invisible ha causado un gran temor en nuestras mentes, que hace que muchos mantengan el «des-contacto» tanto como sea posible.

Sin embargo, la situación de la pandemia nos dio la oportunidad de mirar hacia atrás en nuestras vidas, especialmente a la vida familiar, hoy en día bastante desintegrada. Irónicamente, Covid-19 nos ha llevado a dejar a un lado el trabajo, respirar y reflexionar sobre qué es lo más valioso en la vida. Aunque parezca tabú en nuestra sociedad orientada al máximo rendimiento, nos estamos dando cuenta de que, en casi todos los ámbitos de la vida, el ritmo de respiración es demasiado rápido.

Cálido interés por el otro

Hay cierta preocupación por el posible rebrote de la enfermedad cuando vuelva a hacer frío. Y hay inseguridad sobre otras situaciones devastadoras con las que podamos enfrentarnos en el futuro cercano. El Gobierno de Corea del Sur está promoviendo su modelo de control de enfermedades, ‹Cuarentena K›, y está elaborando nuevas medidas preventivas y recomendaciones que están atrayendo gran interés internacional. Todavía están pendientes de debate las causas de esta pandemia y su impacto socio-ambiental. Los análisis se centran en el lado más tecnológico y en los programas de seguimiento y prevención, y mucho menos en la comprensión más profunda de la causa y el significado de esta pandemia.

Nos vemos en la necesidad de reconocer que el mundo entero es un organismo integral interconectado. Y, desarrollando un interés cordial en el otro, estamos llegando al entendimiento del hecho de que si damos, también vamos a recibir. Deberíamos haber aprendido suficientemente como para reconocer este simple principio, y espero que lo recordemos por mucho tiempo.