Euritmia con mascarilla

Euritmia con mascarilla

28 abril 2021 Sabine Deimann Visto 26 veces

Para Sabine Deimann, el llevar una mascarilla no tiene por qué ser un obstáculo para las clases de euritmia infantil. Mucho depende del ambiente que se crea en la sala.


Desde que se introdujo la obligación de llevar mascarilla, me preocupé bastante de lo que esto significaría para la euritmia con niños pequeños. La primera reacción espontánea fue: ¡impensable! Porque ¿cómo iban a percibir los niños mis labios, mis gestos de articulación y toda la comunicación no verbal de la cara? ¿Cómo iba a poder establecer mi relación de siempre con ellos? ¿Cómo iba a llegar a su sentido del Yo ajeno, para poder estimular su capacidad de imitación?

Dejarse llevar – a pesar de la mascarilla

Al aumentar las restricciones por la Covid-19, una guardería católica insistió en que llevase una mascarilla durante las clases de euritmia, una condición no habitual en mi trabajo en los jardines de infancia Waldorf. La directora aceptó que llevase una mascarilla transparente de plexiglás. De este modo los niños podían ver mi cara y yo podía respirar libremente. Por lo demás, podía dar las clases de euritmia como siempre, y nadie se molestó por esa pequeña cosa en la cara.

Cuando llegaron las noticias de que las «viseras» no ofrecían suficiente protección y que iba a llegar una «segunda ola» a finales de octubre, las guarderías siguieron abiertas pero la tensión aumentó para todos los afectados. En este momento decidí llevar una mascarilla de tela en la siguiente clase de euritmia. Con ella, el contorno de la cara siguió bastante visible y pude respirar razonablemente bien.

Y se produjo un pequeño milagro: los niños no se vieron irritados ni inhibidos en sus movimientos, tanto en los dos grupos de integración como en el grupo con niños de entre dos y cuatro años. Conseguí que de principio a fin se produjese como siempre una fluidez en armonía con el movimiento de la respectiva narración. Los niños también siguieron comportándose como de costumbre, cada uno según sus capacidades individuales.

Percepción del ambiente

A lo largo de estas nuevas condiciones, me fui dando cuenta de que el llevar la mascarilla había afectado en parte mi interacción personal con los niños. Una cosa es ver en la mascarilla una función de camuflaje sin ningún tipo de percepción mutua, y otra cosa es tener la mascarilla puesta y entrar en contacto con alguien, por ejemplo en la caja del supermercado. Mi observación es que en estos casos la comunicación no verbal aumenta significativamente, con mayores expresiones faciales en la zona de los ojos. Pues si ahora, al entrar en una guardería con la mascarilla puesta, me propongo enfatizar conscientemente mi atención hacia cada niños a través del lenguaje corporal. De todas formas es impresionante lo rápido que los niños se van acostumbrando a ver a los adultos con esta «cosa» en la cara.

Con esta experiencia me quedó claro que mi cara y los gestos faciales del habla son, en última instancia, secundarios en comparación con el hecho de que, al fin y al cabo, en la euritmia lo realmente importante es el lenguaje corporal. Como «lenguaje visible», el movimiento no está condicionado solo a mis miembros y mi apariencia física; se expande al espacio circundante, haciéndolo resonar. Los niños captan todo esto en una especie de percepción integral del ambiente. En este sentido, la mascarilla facial no era un factor irritante para ellos.

Sin embargo, es de suponer que la manera natural con la que los niños conectaron con los ejercicios no habría sido posible con tanta facilidad si no hubieran estado familiarizados conmigo y con la euritmia. La condición básica para esta experiencia positiva fue probablemente la relación ya existente que yo había construido con los niños.


Fuente Revista ‹Auftakt› no. 1/2021 (artículo resumido)