Trabajo espiritual

Trabajo espiritual

02 febrero 2021 Gerald Häfner Visto 20 veces

Mientras continúa el cierre del Goetheanum al público y sigue vigente la directiva obligatoria de trabajo telemático en casa, ordenada por el Consejo Federal Suizo, estamos dando continuidad al trabajo espiritual.


En el Goetheanum también debemos cumplir con las regulaciones por la crisis sanitaria. En el caso de Suiza, en particular en el cantón de Solothurn, esto significa que todas las instituciones culturales tienen que permanecer cerradas, incluyendo el Goetheanum.

Sin embargo, la casa sólo está cerrada al público. A pesar de la situación extremadamente dolorosa de que los eventos y reuniones no están permitidos, seguimos trabajando en la medida de nuestras posibilidades y en el marco de las regulaciones oficiales. Los miembros de la Junta Directiva, la Dirección del Goetheanum, las Secciones y muchos departamentos continúan trabajando, tanto en sus oficinas en casa, como en el Goetheanum.

Pero, ¿qué sucede con el trabajo con las meditaciones mántricas en el marco de la Escuela Superior, por ejemplo las lecciones de la Primera Clase que se imparten regularmente en el Goetheanum? En base a la situación jurídica, estas actividades también están prohibidas. No obstante, nos quedó claro que, pase lo que pase, no podemos ni queremos paralizar el trabajo de la Primera Clase, ¿Pero cómo?

Continuidad

Entre Michaela Glöckler y yo hemos acordado celebrar las lecciones como estaban anunciadas en la agenda hasta Epifanía, y lo mismo harán nuestros colegas. La clase se celebrará en el Goetheanum según el programa, también en tiempos de coronavirus. Todos aquellos que deseen participar podrán hacerlo, ahora de forma descentralizada, cada uno en su lugar y con el número de personas permitidas por las autoridades. De esta forma se respeta el calendario acordado, y la Escuela Superior sigue siendo el lugar de encuentro espiritual.

Para mí fue una sensación extraña encaminarme al Goetheanum, a solas por la noche, entrar en el edificio cerrado y vacío, abrir y volver a cerrar la puerta, hacer los preparativos y luego comenzar la lección. Precisamente porque no había personas físicamente presentes, pude saludar a los asistentes con más calidez que de costumbre. También invité a los miembros distantes en el tiempo y el espacio, tanto los vivos como los fallecidos, y llevé a la conciencia la corriente del trabajo que ha venido siendo cuidado en la Escuela de Micael durante décadas.

Nunca olvidaré la experiencia que tuve entonces: Cuando comencé la clase, la sala parecía llenarse. Por muy solo que me encontrase, me sentí en conexión interior con todos los que han alimentado la corriente de la Primera Clase en el Goetheanum desde sus comienzos, así como con los que están cuidando esta corriente en estos tiempos.

Michaela Glöckler tuvo una experiencia similar en su lección: En una carta comentó que tenía la impresión de una atmósfera de «múltiple acompañamiento de invisibles a los ojos».

Conexión constantemente renovada

El Goetheanum no es nuestro. Es, en un sentido amplio, de toda la humanidad. Es la sede de la Escuela Superior para la Ciencia del Espíritu, fundada por Rudolf Steiner, que hoy es parte de una red mundial de trabajo. Vive de la voluntad de las personas que conforman esta conexión, o este «caparazón» como dijo Jörgen Smit, y la renuevan en cada momento, dándole vida y eficacia.