La vida palpita entre las polaridades
Un debate suele consistir en examinar una cuestión desde puntos de vista opuestos para llegar a formar un juicio. En otras palabras: la formación de un juicio se produce entre los extremos de un abanico de puntos de vista. Si se mantiene en uno de los extremos, el juicio provoca efectos socialmente problemáticos.
¿Cómo es el mundo desde la perspectiva de un punto? ¿O de una línea recta? ¿O de una forma plana como un triángulo? ¿La percepción del mundo es diferente para un triángulo que para un cuadrado o un círculo? Estas preguntas de la clase de matemáticas me intrigaban en mi época escolar. Me hicieron tomar conciencia de las muchas maneras de percibir el mundo, aunque sea el mismo para todos.
Más tarde, la cuestión se volvió más compleja: ¿Qué es el mundo? Según una visión solipsista, existe una sola instancia que decide lo que es el mundo: el Yo; y según el enfoque constructivista, un objeto se construye mediante el acto cognitivo.
Un tercer elemento en continua construcción
Un enfoque habitual del pensamiento antroposófico es que la vida tiene lugar entre un campo de polaridades y nunca puede ser idéntica a una de ellas. Si este fuera el caso, los extremos son como llamas que atraen a insectos para quemarlos. La vida, en este sentido, se desarrolla entre fuerzas opuestas
En la música, se crea un «tercer tono» cuando a raíz de una secuencia o consonancia de tonos armoniosos de varios instrumentos se produce un sonido que no se encuentra en la partitura pero cobra una vida propia pulsante y vibrante. Este «tercer elemento» no es algo dado desde el principio, depende de la forma de tocar los instrumentos, surge en el proceso.
En los discursos sociales actuales se tiende a argumentar en polaridades, por ejemplo con el «me gusta» o «no me gusta» en las redes sociales. Aunque muchos opinen diferente, el fenómeno del «Sí o No» ya existía antes los medios sociales. Por ejemplo en el ámbito político, donde siempre había y vuelve a hacerse notar una clara demarcación entre «Este» y «Oeste»; Otro ejemplo es la división entre «monárquicos» y «antimonárquicos». Los partidos políticos en particular tienden a ser unilaterales, lo que dificulta la comunicación entre ellos.
La toma de posición en polos extremos nos devuelve al mundo digital. Construidos sobre la lógica polar de «verdadero» o «falso», los sistemas digitales viven de la conversión de momentos de tensión en estados inequívocos, «encendido» (uno) o «apagado» (cero). Aunque la tecnología moderna ha desarrollado métodos de mapear estados complejos, no solo polares, en última instancia siempre se sirve de la reducción binaria.
Salto de la tecnología a la vida
Me pregunto si la reducción inequívoca a dos opciones (Si o No) es el patrón más o menos consciente del discurso social, sobre todo si tal discurso no tiene lugar por una discusión controvertida, en la que habrá que encontrar una conexión o una solución de mutua concesión, y en lugar de ello parte de un punto de vista preconcebido y defendido hasta el final. Este principio reivindica una moral dipolar en lo social en la que sólo existe lo «verdadero» o lo «falso», lo «correcto» o lo «incorrecto».
A consecuencia de ello, el análisis de los desarrollos políticos puede ser interpretado como teórico-conspirativo, o por el contrario, como ingenuo frente a los reales juegos de poder. Las denominaciones de género u otras identidades pueden ser vistas como necesarias y justas, o por el contrario, como la expresión de una dictadura lingüística. En tal sistema de encaje inequívoco de bien o mal, no tienen cabida las verdaderas motivaciones, necesidades o agravios. En la vida, sin embargo, las motivaciones y necesidades surgen, se manifiestan y vuelven a desaparecer, en función de las condiciones del entorno.
Polaridades
En los antiguos Misterios, todo se basaba en el conocimiento de la polaridad del mundo.
[...] La gente dice que existe Lucifer, y que la fuerza opositora a él es Cristo [...] la verdadera oposición es la que existe entre Ahrimán y Lucifer, y el impulso crístico [...] no tiene nada que ver con la polaridad Ahrimán-Lucifer, sino que se mueve en la línea del equilibrio.
El alma dispuesta a prepararse para el conocimiento de los mundos espirituales, se va adentrando en ellos, […] y empezará a ver las polaridades opuestas a raíz de las que se manifiestan todas las cosas, y reconocerá la necesidad con la que se establece un equilibrio entre las polaridades. […] Al navegar la corriente, tendrá en todo momento la sensación de que nuestro barco es el tercer elemento que hay que conducir por entre la polaridad de izquierda y derecha.
Fuente Rudolf Steiner, GA 184, 22 de septiembre de 1918; GA 147, 28 de agosto de 1913