«Practica la visión del Espíritu» (Primera parte)

«Practica la visión del Espíritu» (Primera parte)

25 marzo 2020 Christiane Haid Visto 36 veces

El trabajo sobre la meditación de la Piedra de Fundación que comenzó en 2016, se centró principalmente en los dos primeros ejercicios, «Practica la recordación del espíritu» y «Practica la contemplación del espíritu». Continuará en 2020/2021 con la profundización en el tercer verso «Practica la visión del espíritu».


Ya sea el cambio climático, la migración de los refugiados, la creciente brecha entre ricos y pobres, la búsqueda de sentido, o las epidemias: en todas partes surge la pregunta por el conocimiento que no sólo se dirige a los síntomas, sino que pueda iniciar un cambio fundamental de las circunstancias. Este sólo se producirá si entendemos la naturaleza del pensamiento. Los que temen que esta cuestión sea demasiado teórica, subestiman el hecho de que el pensamiento es el origen y el facilitador de nuestra relación con el mundo.

Tomar conciencia de sí mismo en la época del alma consciente supone que el ser humano reconozca la naturaleza del pensamiento. Ésta última, como explica Rudolf Steiner en su ‹Filosofía de la Libertad› (GA 4), no sale a la vista: «Lo peculiar del pensamiento es que la persona pensante olvide el pensamiento mientras lo está ejerciendo. No es el pensamiento lo que le ocupa, sino el objeto del pensamiento que observa.» (Capítulo ‹El pensar al servicio de la concepción del mundo›) Esa es la naturaleza del pensamiento, según Rudolf Steiner. Esto significa que, al no percibir lo que estamos haciendo, no podemos considerar las consecuencias que resultan de las formas de nuestro pensamiento actual. El auto-olvido del pensamiento es un hecho del que surgen los problemas de nuestra actualidad.

Espacio libre en el alma

Mediante el pensamiento es como construimos nuestra relación con el mundo y como nos orientamos en el mundo de las percepciones - con la ayuda de los conceptos, tomados de la esfera espiritual. La obra filosófica principal de Rudolf Steiner, ‹La filosofía de la libertad›, constituye una base importante para el entendimiento del proceso cognitivo y su conexión con el arquetípico fondo ideico del mundo.

En el primer texto de ‹El umbral del mundo espiritual› (GA 17), titulado ‹Acerca de la confianza que se puede tener en el pensamiento - de la meditación› Steiner describe cómo el pensamiento se asemeja a una isla que nos orienta en el mar ondulante de la vida anímica. Incluso la duda sobre el pensamiento se basa en la confianza en el pensamiento, porque sin el pensamiento no podríamos dudar.

La tercera estrofa de la meditación de la Piedra de Fundación solicita al alma a «practicar la visión del espíritu en la calma del pensamiento» con el objetivo de «pensar verdaderamente en los fundamentos del espíritu humano». «La visión del espíritu» significa observar a través del pensamiento el elemento hasta ahora no observado de nuestra vida anímica. Donde normalmente nos dedicábamos por completo a los objetos de nuestro pensamiento, ahora, observando un reino espiritual intermedio, dirigimos la atención a lo anteriormente pensado. Este es el primer paso que nos hace conscientes de nuestra actividad pensante. Podemos llegar a un nivel más avanzado si detenemos el flujo de los pensamientos que emanan de nosotros, para practicar «en la calma del pensamiento». De esta manera, se crea un espacio en el alma en el que el mundo espiritual puede hablarnos.

Hacerse parte integral de un contexto global

En la práctica ulterior de «la visión del espíritu» también aprendemos a percibir el mundo de los pensamientos como un mundo del espíritu vivo, en el que los pensamientos se expresan por sí mismos. La « visión del espíritu» abre al ser humano un espacio de libertad, una libertad que nos permite percibir las metas eternas de los dioses. Así, se genera una voluntad que capacita a nuestro Yo a Ser parte integral de un amplio contexto global. El dar este paso es la gran tarea para la humanidad hoy.

¿Somos conscientes de las personas a las que nos estamos enfrentando? ¿Percibimos la naturaleza, el cosmos y la persona ajena en su ser sustancial? ¿Estamos abiertos a reconocer las necesidades que estos seres tienen en relación con nosotros, y a responder a ellas? ¿O seguimos viviendo en el alma sensible o racional, encontrándonos con el mundo como objeto de nuestro placer y provecho? Las crisis actuales muestran cómo la antigua relación con el mundo ya no es sostenible, y nos hacen testigos de cómo se rompen el viejo orden y los viejos hábitos que hasta ahora nos han dado seguridad y confianza.

La meditación de la Piedra de Fundación nos abre un nuevo horizonte de existencia: El alma puede despertar «en los pensamientos cósmicos del espíritu». Este es el espacio del espíritu, en el que el alma se hace consciente de que está ligada al origen cósmico de las ideas, la patria de los pensamientos cósmicos, alcanzable para toda la humanidad. Es el fondo común para todos los seres humanos, aunque las intuiciones de cada persona adquieran su propio matiz individual. La fuente común que conecta todo pensamiento personal siempre es el fondo espiritual-ideal.

Este fundamento central de la ciencia espiritual no debe ser subestimado en su alcance y naturaleza particular. Sin embargo no podemos concebirlo como algo que tenga disponibilidad general para todos, porque el acceso a esta base del pensamiento cósmico está ligado al despertar del alma. A través de la práctica de la visión espiritual, se hace cada vez más alcanzable para el ser humano. Es un terreno que debe ser conquistado, que se vuelve real con las crecientes capacidades espirituales de la persona. En la autocomprensión de la vida contemporánea y la ciencia moderna, que tiene una influencia tan decisiva en nuestra cultura actual, no existe tal base de desarrollo, o bien este objetivo de desarrollo. En cambio, se habla de las fronteras del conocimiento, mientras que a nivel de comunicación y entendimiento común, el consenso se interpreta como la síntesis de diferentes enfoques individuales.

En unión con los seres jerárquicos

A través de los aspectos evolutivos de la antroposofía formulados en la meditación de la Piedra de Fundación como camino de ejercicio, podemos entender el pensar como primer acceso a un área en la que aparece la luz del ser-del mundo. Experimentamos el actuar de la tercera jerarquía, y con ella el ser del Cristo viene hacia nosotros. El ser humano se reconoce y se experimenta a sí mismo en un contexto cósmico, como unido a los seres jerárquicos.

En ‹Antroposofía en el Mundo› no. 5/2020 se continuará tratando este aspecto macrocósmico, relacionándolo con los sucesos de nuestra actualidad. También se proporcionará una relación de literatura de estudio recomendada.