Imagen arquetípica de los sentimientos

Imagen arquetípica de los sentimientos

29 agosto 2019 Friedwart Husemann Visto 30 veces

El camino de auto-educación incluye el cuidado de los sentimientos, lo que a su vez conduce a claridad y orden, y a la formación de los órganos de clarividencia. La combinación de los versos del ‹Calendario Antroposófico del Alma› y la meditación de la Rosacruz dados por Rudolf Steiner, ilustra las cualidades de los sentimientos «beatíficos» y «serios».


En el prólogo del ‹Calendario Antroposófico del Alma› (GA 40), Rudolf Steiner dice que los versos de cada semana son un camino al auto-conocimiento a través de los sentimientos. Los sentimientos son el centro del alma, de ellos se forman los órganos de clarividencia. Para la auto-educación debemos evitar nuestros sentimientos negativos, como el enojo y la ira, y generar conscientemente nuestros nobles sentimientos como la devoción y la gratitud.

Tomemos un ejemplo: «El invierno despertará en mí el verano del alma» (estrofa número 30). El verano se entiende aquí en el sentido de interioridad anímica, el invierno como fenómeno exterior natural. En la naturaleza, los sentimientos de verano son de alegría, entrega a la belleza de la naturaleza, serenidad y felicidad; son sentimientos beatíficos. En la época de invierno predominan otros sentimientos: una reflexión sobre si estamos preparados para el invierno, la conciencia de lo esencial, un sentido de responsabilidad, y sentimientos serios. ¿Existe un arquetipo de nuestros sentimientos?

Para responder a esta pregunta, podemos consultar el capítulo sobre el camino de la formación y la meditación en ‹La Ciencia Oculta. Un boceto› (GA 13). En ella, el primer paso es la preparación que lleva de la planta con su savia verde, al ser humano y la sangre roja. Se genera una sensación de «felicidad» al imaginarse una planta que crece hoja por hoja y luego se abre con devoción a los rayos puros de sol. El hombre es más perfecto que la planta, pero tuvo que adquirir el estado superior de desarrollo al precio de asimilar en sí instintos, deseos y pasiones, pero como consecuencia, puede convertir las sensaciones en sentimientos «serios».

Imagen de pasiones purificadas

Luego hay que dar otro paso más allá. El ser humano puede desarrollarse y transformar lo inferior de sus pasiones para renacer en un nivel superior. En su pureza conscientemente alcanzada, tales pasiones purificadas corresponden a la pureza inconsciente de una planta. El rojo de la sangre entonces se asemeja al rojo de una flor de rosa en la que reinan las puras leyes del crecimiento. Esto puede transformar mi alma en un sentimiento de felicidad «liberadora». En el paso siguiente, me imagino una cruz negra. Es la expresión de los instintos y pasiones inferiores superadas y ennoblecidas. En el punto en que las barras se cruzan, me imagino siete rosas de color rojo brillante dispuestas en forma circular, que siento como la expresión de los instintos y pasiones limpias y purificadas.

Me quedo con esta imagen el mayor tiempo posible sin dejar que surja ninguna otra imagen. Al hacerlo, «resonará» la sensación que he adquirido en la fase anterior, de la preparación. Lo que resuena en la meditación es el sentimiento de «felicidad liberadora» que ha pasado por la seriedad y ha nacido de la sensación beatífica.

En este camino, el símbolo de Rosacruz se convierte en un signo esencial junto a la experiencia del sentimiento. El esfuerzo del alma de perseverar en esta experiencia es el aspecto clave para la eficacia de la meditación. En general, me parece que la sensación de felicidad liberadora es el sentimiento básico para cualquier meditación; y que de él resultan todos los demás sentimientos.

El arte de mantener el centro

Podemos transferir los sentimientos arquetípicos de la meditación Rosacruz al Calendario del Alma. El recorrido a través del verano se convierte en un camino a las alturas del cosmos, generando sentimientos de felicidad. El recorrido a través del invierno se convierte en un camino hacia nuestro propio ser interior y hacia las profundidades de la tierra, transformando nuestras sensaciones en sentimientos serios. El caminar a lo largo de todo el año, el arte de sostener el medio entre arriba y abajo, entre los sentimientos beatíficos y la seriedad, se convierte en un caminar con el Cristo que puede darnos la sensación de una felicidad liberadora a lo largo de todo el año. Como él mismo dijo: «Mi yugo es suave y mi carga es ligera». (Mateo 11:30).