Sobre la contribución de Heike Overschelp en Antroposofía en el Mundo no. 6/2019
Estimada Sra. Oberschelp. Se ve que en su carta le importaba mucho, después de una breve revisión de los acontecimientos del año pasado, superar la sensación de «paro cardíaco» y dar una sugerencia positiva para las importantes tareas que se avecinan con vistas al futuro.
Obviamente, algunos resultados de la Asamblea General de 2018 dejaron completamente abrumados a muchos miembros. Comparado con esto, los ciudadanos suizos tienen más experiencia en las votaciones que otros países (hay varias al año a nivel estatal, cantonal y comunal). Pero mi intención no es la de tratar aquí la cuestión del valor y las limitaciones de la ley de asociaciones suiza.
Me quedé perpleja cuando leí que usted había experimentado como elemento de discordia el dictamen de más del 60 por ciento de los miembros presentes. ¿Acaso, en las muchas conversaciones que menciona en su carta, nadie se interesó por las condiciones previas, tanto internas como externas, para esa votación?
Al final de su carta, usted añadió una palabra seria de Rudolf Steiner. Es cierto que es deseable que logremos asumir la fuerza moral de estas palabras. Con respecto a la situación a que se refiere, usted parece ser de la opinión de que muchos miembros en ese momento cometieron un error al no reconocer el necesario gesto del perdonar. Sin embargo, ¿cómo podemos superar los frecuentes prejuicios y sustituirlos por una mirada precisa y casi diagnóstica en vez de una anamnesis objetiva? Porque también las peticiones en una Asamblea General tienen su origen en una voluntad concreta, por ejemplo en vista de la situación financiera.
En este punto vale la pena recordar la conocida historia de una pareja de ancianos. Durante la partida diaria de ajedrez, el marido suspira: «Ya no tengo ganas de jugar, las últimas décadas solo lo he hecho por ti». A lo que responde su mujer: «Y yo sólo por ti.» Esta anécdota muestra de manera ejemplar cómo la pura necesidad de armonía sin el correspondiente acto volitivo no resuelve los problemas de la vida. Construir un verdadero puente significa tener la valentía de afrontar lo que hay que cambiar (en primer lugar, por supuesto, en nosotros mismos). Desplegar esta valentía requiere más que la buena voluntad general, es decir, el verdadero interés desde el impulso volitivo. Espero que usted pueda leer estas líneas con actitud comprensiva y compasiva.