Caminar en el equilibrio del alma
El ser humano es un ser andante. Caminando en postura erguida, se encuentra en continuo equilibrio inestable. Wolfgang Rissmann investiga el caminar como un elemento para explorar la propia libertad interior y el equilibrio del alma. Ambos son una base para la construcción de comunidad, en un proceso de oscilación entre el Tú y el Yo.
La segunda estrofa de la Piedra de Fundación reza: «Practica la contemplación del Espíritu / En el equilibrio del Alma». ¿Cómo se encuentra el equilibrio del alma?
Para empezar, sirva un ejercicio sencillo: Camino recto por en un camino llano, al aire libre o en una carretera tranquila. Camino siguiendo un compás regular sin parar, durante por ejemplo media hora, ni demasiado rápido ni demasiado lento. Luego acelero mis pasos y camino lo más rápido posible. Después de un rato, vuelvo al ritmo pausado y relajado.
Ni demasiado rápido, ni demasiado lento.
Andando a ritmo rápido, me pongo tenso, siento mis músculos, siento la respiración acelerada y los latidos del corazón, y la percepción del entorno pasa a segundo plano. Andando a ritmo lento, me vuelvo perezoso, me pierdo en el entorno o en mis propios recuerdos y sueños. Pues la tarea consiste en caminar ni demasiado rápido ni demasiado lento.
Alternando unas cuantas veces entre el ritmo rápido y lento, encontraré gradualmente el ritmo con el que me siento equilibrado, consciente de mi entorno y al mismo tiempo de mi propio cuerpo. La auto-observación nos muestra que el propio ritmo tiene un efecto beneficioso y abre un espacio entre los dos extremos de fijarse en el propio cuerpo y la sensación de perderse en el entorno exterior. Poco a poco surgirá la impresión de que, llegando de fuera, una fuerza calmante se expande dentro de mí. Las personas con estados severos de agotamiento o depresión a menudo comentan que este tipo de sensación se establece cuando practican regularmente este ejercicio de caminar.
Unos versos de la antigua cultura babilónica rezan: «Mira a la persona que va ahí andando. / No como un anciano, ni como un niño / El que camina como un hombre sano / Y no como un enfermo / El que no camina demasiado rápido / Y no camina demasiado lento / Y verás el ritmo de las puestas del sol».
«Practica la contemplación espiritual en el equilibrio del alma» puede significar mirar no una, sino dos imágenes, una al lado de la otra, moviéndose rítmicamente entre ellas, o sea entre dos palabras o entre dos pensamientos diferentes. Es una oscilación del alma que crea algo nuevo en los movimientos alternantes. El sentimiento de equilibrio que se adquiere durante el ejercicio de caminar también puede ser entendido como imagen de un principio espiritual.
El encuentro es una cuestión de ritmo
Podemos observar un proceso parecido en el encuentro con otro ser humano. Para que se produzca el encuentro con otra persona, es necesaria la alternancia entre el sumergirse completamente en la otra persona y el volver a uno mismo. El encuentro con el otro es una cuestión de ritmo, no de conocimiento o moral. El oscilar rítmico entre el Yo y el Yo ajeno crea el espacio para un tercer elemento, que se acerca como un regalo. Se genera algo nuevo.
Este proceso se describe en su forma primordial en el capítulo 24 del Evangelio de Lucas. Dos personas caminando a Emaús intercambian sobre enigmas sin resolver. Al final del camino aparece un tercero y se une a los dos. Cuando luego celebran una comida con él, le reconocen como el Resucitado.
Otro campo de práctica se abre con la cuestión de la construcción de la comunidad espiritual. Personas de origen y naturaleza muy diversos se reúnen porque tienen preguntas y preocupaciones espirituales comunes. En esta situación se hace aún más evidente que una respuesta no puede lograrse en el debate intelectual ni a través de la imposición por el poder. Hace falta estar dispuesto a formarse una idea de la diversidad de las personas reunidas, de sus diferentes formas de pensar, sentir y actuar.
De este modo, en un segundo paso, se puede formar el espacio para dejar que las capacidades y preocupaciones de los demás individuos cobren sentido e importancia para la comunidad. Rudolf Steiner lo expresó en los conocidos versos dados a Edith Maryon en 1920: «Lo saludable es que en el espejo del alma humana, se forme toda la comunidad y en la comunidad viva la fuerza del alma individual.»
La fuerza del Cristo
La construcción de la comunidad espiritual, tal como la buscamos en la Sociedad Antroposófica y en los campos de antroposofía aplicada, es una cuestión de ritmo. En la segunda parte de la segunda estrofa de la Piedra de Fundación, se menciona la entidad y la fuerza espiritual que actúa detrás y en todos los eventos rítmicos: Es la fuerza del Cristo, que en su modo de actuar, siempre es gracia y don.
Wolfgang Rißmann presentó estas reflexiones en la Asamblea General de la Sociedad Antroposófica General celebrada el 14 de abril de 2019 en el Goetheanum.