Del eso al tú
La pandemia Covid 19, como parte de la crisis ecológica, es la expresión de una crisis de la alianza entre el ser humano y la Tierra viva. Por lo tanto, para superar la pandemia, hay que plantearse la cuestión de la naturaleza de lo vivo y de la Tierra. Y para ello, debemos asumir la responsabilidad frente a las consecuencias de las acciones humanas.
La medicina en sí misma nunca antes había sido tan poderosa en términos tecnológicos, y nunca antes ha habido tanto capital invertido en la medicina y la tecnología médica. Al mismo tiempo, las industrias farmacéutica y química ponen en peligro la base de nuestra existencia. Los monocultivos sólo han sido posibles mediante los pesticidas, y la moderna agricultura industrial sólo ha sido posible gracias a los antibióticos – una circunstancia que hace que los antibióticos sean ineficaces para el tratamiento de personas gravemente enfermas. Las bacterias multi-resistentes se están extendiendo.
La Covid-19 nos muestra los límites de esta medicina tecnológica de gran poder económico. Para promover la salud en el futuro, necesitamos, tanto a nivel individual como global, otros fundamentos científicos y formas de pensar y actuar, que vayan más allá de campañas bélicas puntuales contra las enfermedades infecciosas. Si bien el anti-biótico, es decir el fármaco «que va dirigido contra la vida», fue el medicamento más característico y exitoso del siglo XX, en el siglo XXI necesitaremos una medicina pro-biótica, con la que sea posible fomentar y mantener la salud, si no queremos experimentar pandemias aún más peligrosas.
Relaciones mutuas saludables
La salud no es el resultado de un control externo cada vez más poderoso, sino de la capacidad de regular y mantener un equilibrio vivo, tanto en el ser humano como en las plantas y los animales. En todo caso la salud depende de unas relaciones mutuas saludables.
Si mantenemos una actitud indiferente frente a la destrucción del equilibrio vivo de un paisaje, si somos indiferentes a lo que experimenta un animal salvaje que tiene que vegetar de por vida en una jaula de 40 por 60 centímetros, si somos indiferentes al hecho de que millones de niños mueren por hambre o sufren hambre crónica, y que miles de millones de personas caen enfermas debido a la malnutrición, entonces ni la medicina más poderosa podrá ayudar.
En este contexto estamos tocando tabúes fundamentales de la forma moderna de pensar, condicionada por el pensamiento científico, y en particular por el hecho de que la ciencia moderna haya desterrado de su terreno la cuestión del ‹tú›. Con el comienzo de la época moderna, esta pregunta sobre la naturaleza del otro quedó metódicamente excluida, porque en la Edad Media era la pregunta sobre Dios: «Padre en el cielo, santificado sea tu nombre.»
La concepción científico-natural del mundo, orientada puramente a lo material desconoce el ‹tú›, sólo conoce el ‹eso›: el ser humano mismo es considerado biológicamente como un animal, los animales y las plantas son considerados y tratados como máquinas, la tierra como mera materia. Estas son las máximas de la ciencia moderna, y también de la economía capitalista, bajo cuya perspectiva la naturaleza es una materia prima disponible sin limitaciones para la producción.
Consideración por los demás
Si el científico quiere investigar el estrés, estudia un ratón que, arrojado al agua, lucha contra el ahogamiento. Lo disecciona después de muerto para detectar los cambios materiales que se efectuaron en las vías nerviosas. O bien separa a los ratones recién nacidos de su madre para detectar en los ratones pequeños, matados posteriormente, los cambios genéticos permanentes producidos por el estrés. ¿Alguien duda de la posibilidad de que algún día tenga que producirse un efecto retroactivo de la experiencia de millones de animales de laboratorio, de animales criados mediante la ganadería intensiva y de animales salvajes torturados?
La economía gira en torno al crecimiento constante del capital, un ‹eso› moralmente indiferente. El pensamiento moderno occidental le encomienda al Estado la tarea principal de proteger la propiedad privada. «Privare» es una palabra latina que significa «robar», «privar a alguien de algo». La Covid-19 muestra que la salud no es un asunto privado.
El distanciamiento social puede ser útil para reducir el riesgo de infección, pero ofusca la conciencia de que la manera más social de preocuparse por la salud de los demás consistiría en medidas activadoras de su proceso de curación. La crisis de la Covid-19 nos llama a considerar a los demás, especialmente a los que han vivido marginados en nuestra conciencia, también antes de la Covid-19.
Asumir responsabilidad
Visto desde la perspectiva ecológica y respetando los principios de lo vivo y de la vida, cualquier crecimiento ilimitado tiene que resultar en desorden y enfermedad. Tanto los humanos como los mamíferos se caracterizan por una fase de crecimiento intenso al principio de la vida, una fase de distanciarse de los padres y querer ser libre, en la que se producen espinillas en la piel y agresiones en el alma. Pero luego debe seguir la fase de madurar y asumir responsabilidad.
El dinero tiene la función de satisfacer la necesidad de circulación en la economía. Cuando nuestra sangre comienza a multiplicarse indefinidamente, nos enfermamos o morimos, por ejemplo de una leucemia. Nuestra forma de economía monetaria es un factor decisivo en la crisis ecológica, porque este dinero carece de las características necesarias de madurar, envejecer, morir y volver a tener y dar vida. La crisis actual debería hacernos pensar más a fondo sobre las formas posibles de una economía realmente sostenible y orientada hacia el bien común.
En reconocimiento de las dependencias mutuas, nuestra actitud hacia las plantas, los animales y los seres humanos debería ser la de diálogo, fundamentado en el respeto a la vida de los seres vivos, la empatía con lo que experimentan los seres animados, y la dignidad del ser humano.
Las respuestas esenciales a la Covid-19 no son puramente médicas. Conciernen a todos los ámbitos de la vida y a todos los que somos responsables de esta Tierra y de las generaciones venideras.
Extracto de la conferencia de Georg Soldner ‹Covid 19. Aprendizajes de la pandemia›, pronunciada el 12 de octubre en el Goetheanum como conferencia inaugural del ciclo ‹Los signos del presente›.