Lo vivo nos da vida

Lo vivo nos da vida

24 febrero 2021 Laura Rojas Palacio Visto 16 veces

A raíz de las nuevas reglas de distanciamiento social por la crisis de Covid-19, los medios digitales surgieron como soluciones salvadoras: Desde entonces, es habitual realizar las clases, reuniones, conferencias y actuaciones, en línea. Estos encuentros parecen casi reales: es necesario captar y aprender a percibir la calidad de lo vivo y de lo no vivo.


La tecnología digital convierte un hecho como un tono (música), sonido (lenguaje) o color (imagen) en números. Los datos reducidos a esta forma de representación están listos para mostrarse en pantalla, sonar por el altavoz o ser transmitidos a través del internet.

La imagen de una película que aparece en la pantalla está compuesta por muchísimos puntos de tamaño mínimo (píxeles); el sentido de la vista humano construye a partir de la secuencia de imágenes individuales un movimiento fluido, que en realidad es la ilusión de un movimiento. El ojo es el órgano sensorial humano más activo, pero frente a la pantalla se convierte en algo fisiológicamente pasivo y retraído.

Lo mismo sucede en el caso de los sonidos. Los datos de audio (volumen, oscilación y otras magnitudes) se descomponen en bits, a partir de los cuales se vuelve a construir el sonido que sale de los altavoces, y nuestro oído lo percibe como un continuo ininterrumpido. Aunque la tecnología sea la más avanzada, los dispositivos técnicos no producen un sonido vivo y cálido. Las personas con un oído suficientemente sensible perciben la cualidad fragmentada.

Radiante pero sin periferia

Las fuerzas cósmicas irradian hacia el centro de la Tierra, formando una periferia. Todos los seres vivos participan en ella; todo lo vivo tiene una periferia en torno a sí mismo.

En la euritmia, el cuerpo físico del ser humano es el instrumento de lo etérico y hace visibles los movimientos invisibles que hacen vibrar el cuerpo etérico, por ejemplo en el habla y la música. De este modo, la euritmia puede tener un efecto curativo en un organismo enfermo porque lo reconduce a su condición primordial. Un efecto curativo que se puede comprobar por el hecho de que la percepción sutil del propio Yo, del semejante y del entorno social puede ser igualmente saludable para la sociedad.

En un experimento de percepción, se mostraron movimientos eurítmicos en el escenario y después se proyectados en una pantalla. Allí los colores aparecen más intensos, por lo que también los contornos de los cuerpos se perciben con más claridad. Paralelamente puede experimentarse que los colores no inspiran vida y no invitan a dejarse llevar. La atención del espectador se dirige más al propio interior y sigue atada al espacio delantero del escenario. No hay ningún encuentro vivo con los sucesos exteriores, la transmisión de las imágenes no genera periferia viva. La música que sale de los altavoces despierta sensaciones maravillosas, pero aquí también falta la impresión de la periferia. Lo digital-virtual tiene el efecto de succión y concentración. Lo realmente vivo, por el contrario, nos lleva consigo, está presente en una periferia compartida, hay una sensación de calor, y crece la atención hacia el espacio de fondo. De este modo, no sólo se percibe lo que sucede; también se percibe lo que los movimientos irradian en el espacio, e incluso en el mundo.

Aprender el trato con lo etérico

Un robot no puede hacer euritmia, porque no puede crear un espacio de periferia: no participa en lo etérico. La sensibilidad para estas cosas probablemente será decisiva para el desarrollo de la humanidad. A medida que la tecnología ocupe nuestra vida, será cada vez más difícil notar la diferencia entre lo que es vivo y lo que no, si no hay una educación específica para ello.

Deberíamos desarrollar el entusiasmo de descubrir formas creativas y artísticas de enseñar la euritmia y enseñar el trato vivo con lo etérico. Sin duda hay miles de ideas y posibilidades de ejercicios eurítmicos, sin depender de la pantalla para seguir los movimientos y aprenderlos por pura imitación.


Laura Rojas Palacio, nacida en Cali (CO) en 1992, terminará sus estudios en el Eurythmeum (CH) en 2021. Su tesis se titula ‹Sobre lo vivo y lo no vivo. La euritmia en línea›. (‹Vom Lebendigen und Leblosen. Eurythmie online›).

Rudolf Steiner sobre Canto y Habla

El elemento del calor se une pues con la corriente del canto o sonido. En este elemento del calor vive el Yo. Es por eso que el canto y el habla también adquieren su carácter íntimo. Lo que realmente da al tono y al sonido su intimidad anímica, se produce por el hecho de que el calor fluye, por así decirlo, sobre las ondas del aire, que produce el tono externamente. Así que, en el aire fluyente está activo el cuerpo astral, y en el calor que fluye en las ondas del aire vive el Yo. Normalmente, el cuerpo astral y el Yo no sólo están en el aire y el calor, sino que también están en el elemento líquido y en lo sólido del cuerpo humano. Sin embargo cuando el hombre habla o canta, se suelta de lo líquido y sólido, y solo actúa en el aire y el calor.

Fuente: Rudolf Steiner, GA 278, conferencia del 20 de febrero de 1923